La dobleere.

microrelatos.com nació después de licenciarse en ciencias del vidrio en 2001, pero su partida de nacimiento jamás fue firmada por autoridad académica alguna. Llevábamos coqueteando varios años con plaquetes, fancines y otros proyectos de revistas con los que nos dejábamos los duros y la sangre. Todo por la literatura, por poder escribir, y estar junto a quienes lo hacían. Noches de insomnio escribiendo y maquetando mientras se consumían los cigarrillos y se derretían los hielos en los vasos de whisky. Algún que otro día las dramáticas ausencias laborales, chungo!! Pero eso fue años atrás. El caso es que, sin un duro en los bolsillos, comenzamos a reunirnos para intentar un nuevo proyecto en internet. Quedábamos en un mesón de Marqués de Zafra, no porque tuviese ningún ambiente literario especial, ni porque destacase por sus raciones o aperitivos, sino porque aceptaban los tikets restaurant para pagar los cubatas. Ni qué decir tiene que las conversaciones (hubo varias, aunque no lo parezca) terminaban en la segunda copa. A partir de ahí se convertían en lluvias de ideas o jarros de leche que nunca llegarían a su destino. Elegimos el nombre de esta revista, microrelatos.com, tras la tercera copa. Fue después de terminar el diseño cuando caímos en la cuenta de que nos iban a criticar. Y entonces empezamos a plantearnos el asunto de la doble ere. Claro: una erre intervocálica se duplica. Pero mira que queda feo cuando se trata de una erre inicial encerrada por un prefijo. Parece que en Hispanoamérica les gusta la ere como erre. Pero en España no parecen estar de acuerdo con salirse de esta norma sin que antes dé su autorización la RAE. Pero todo esto son conjeturas en las que se mueven otros. Damos fe de que no las tuvimos presentes al elegir el nombre de esta revista.